Viernes 13

Pensar por un momento que sois el asesino Jason en la película Viernes 13, película que probablemente todos conocéis. ¿Qué cara se os quedaría si vuestro iPhone os notificaría diciendo que “a las 12 de la noche te toca matar a la rubia” o “si vas andando al lago, desde donde estas, podrás pillar desprevenido al chaval borracho en 5 minutos”? Pues muy seguramente, al que le daría un ataque de ansiedad no sería al espectador de aquella butaca. Sin embargo, ¿estamos tan lejos de que algo similar ocurra? A mi casi me da un escalofrío cada vez que veo que mi móvil me notifica la aplicación que debo usar (es decir, la más habitual) en cada momento del día, no te digo más. ¿Cómo saben esto? ¿Me espían? ¿Vivo en “Gran Hermano”?

Sí, en efecto amigos, nos espían, pero con nuestro consentimiento. “¿Cómo? ¡Si yo no he firmado ningún contrato! Y lo que es peor… ¡Nunca me han nominado para echarme fuera!”. Bueno, bueno, que no cunda el pánico. Eso solo puede suponer dos cosas: que ni te has dado cuenta mientras consentías que te espiaran o que eres lo bastante lerdo (por lo que parece) como para que nadie te nomine y eso a día de hoy parece que se premia. Ains… si Jason levantara la cabeza, no quedaba lerdo con cabeza, valga la redundancia. Pues sí, has dado tu explícito consentimiento para que eso sea posible o, como diría Piqué, “contigo empezó todo”. ¿Nunca te has parado a pensar como los servicios de Google pueden ser tan buenos y gratuitos? ¿Nunca te has parado a pensar por qué una aplicación orientada a hacer de linterna con tu móvil te pide permisos para conectarse a internet y acceder a tus contactos? Nuestros datos son hoy en día el oro, el incienso y la mirra.

¡Já! Voy a ser sincero con vosotros. Me hace mucha gracia ver gente que se echa las manos a la cabeza cada vez que sale una noticia de que un producto viene infectado de fábrica, generalmente relacionado con el gobierno chino o ruso, con algún tipo de aplicación de sistema que monitoriza tus datos y movimientos. ¿Por qué los chinos y los rusos? ¿Los americanos no? ¿Un iPhone no hace algo similar? Vamos, si saben hasta la talla de calzoncillos que usas o cuando vas a mear… para luego vender toda esa información a empresas terceras. Las películas de terror están bien, encima la mayoría son americanas, pero el objetivo final no es ver la película (nótese la similitud con dar un servicio) sino acercarse lo máximo posible a la chica de la butaca de al lado, para “conocerla mejor” que diría el Lobo de Caperucita. Así es como se financia Drive, Gmail, etc. Así es como pueden decirte “Totally Free” o “Free use”. Te pagan la película y luego te soban, menudo negocio. Inevitablemente, tampoco hay opción de pagar por tu entrada, sí o sí pasarás a ser sobado. ¡Ui! Me ha sentado mal el desayuno o eso ha sonado mal.

En cualquier caso, me da la sensación de que, en la mayoría de los casos, me da menos miedo el “Here’s Johnny…” de Jack Nicholson en El Resplandor que el chiringuito que tienen montado todas las empresas TOP mundiales. Bueno, quizás he exagerado, matizaré mis palabras, porque esto quedará registrado para la posteridad en sus bases de datos y diré que vivimos en un jardín de rosas y unicornios donde mis datos y, en este caso, mis miedos, quedan a salvo en Google, Facebook, Twitter… para que luego me recomienden tranquilizantes en Amazon… ¡Ahí es nada! Sin embargo, cabe destacar que, por suerte, existen iniciativas como la del derecho al olvido, que cada vez cobran más fuerza. No todos son sombras, eso es así, pero todo avanza demasiado despacio en este sentido. ¿Qué nos queda mientras esperamos? Lloviendo y viernes 13, acomódense en la butaca e intenten disfrutar de la película.